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La crisis del Comité de Crisis

Fueron cuatro días aciagos que golpearon con fuerza el mayor capital del Comité de Crisis que asesora al Gobernador Alberto Rodríguez Saá en la gestión del manejo de la pandemia: su credibilidad.

Esta es una reconstrucción cronológica de los anuncios que se vivieron en esas horas:

El viernes 3 de julio el Comité de Crisis anunciaba que San Luis llevaba 88 días sin casos de Covid-19.

El sábado 4 de julio, el Comité de Crisis anunció que San Luis volvía a Fase 1 por la aparición de un caso de Covid-19, el de un comerciante de Tilisarao. Esa medida tuvo un altísimo impacto en la opinión pública que se expresaba en las redes opinando que era una exageración, que se debía trabajar en el seguimiento de los contactos del caso de ese comerciante de Tilisarao, pero que de ninguna manera podía volver a Fase 1 toda la provincia.

Venticuatro horas después, el domingo 5 de julio, el Comité de Crisis anunció que se volvía a Fase 5 en la mayor parte del territorio provincial y que sólo quedaba en Fase 1 el norte puntano. Esa vuelta atrás en la decisión oficial fortaleció la idea de que el regreso a Fase 1 general había sido una decisión mal tomada.

Para peor, sólo cuatro días después, el 9 de Julio se anunció no sólo el regreso a Fase 5 sino que se habilitó el turismo interno. Demasiadas marchas y contramarchas para salir indemnes de la toma de decisiones de esa magnitud.

Cinco vertiginosos días en los que los puntanos no tuvieron tiempo siquiera para procesar tantos avances, retrocesos, y nuevos status, mientras la desconfianza ponía a crecer sus raíces.

La pandemia reveló todas las capacidades, al punto de que San Luis se convirtió en la única provincia a la que fue necesaria que Nación enviara interlocutores para poder destrabar un conflicto suscitado precisamente por las restricciones de circulación interestatal, como fueron los cortes de ruta que llevaron adelante grupos de productores. Ya en alguna publicación anterior esta página se refirió a la falta de interlocutores políticos que exhibe el Gobierno.

En pocos días fuimos testigos de la sobreactuación –siempre dispuesta- con pasacalles colgados que agradecían la paternal y proverbial protección contra el virus, a la necesidad de que el propio Gobernador tuviera que aparecer en un reporte para confirmar que estaba en San Luis, aislado en su casa por recomendación del Comité de Crisis, y que estaba al tanto de las decisiones que se tomaban desde Terrazas.

En pocas semanas tuvieron que dejar buena parte de las decisiones en manos de los especialista de Nación que llegaron a San Luis para intervenir en el combate contra el virus.

En estos meses, demasiadas caras pasaron por los reportes oficiales sin decir nada sustancial. Fue una picadora de rostros que sólo mostraron un nerviosismo indisimulable ante la sola presencia del Gobernador pese a que siempre se trató de informes grabados, y en los que siempre hubo margen para corregir errores, y que aún así salieron al aire.

Con las excepciones que se conocen y son evidentes, el resto de los funcionarios está centrifugado, lo más lejos del centro posible.

Hablan de temas que en otras circunstancias podrían ser considerados, pero que en estos días en los que la provincia de San Luis integra el lote de 8 provincias en las que se concentra el 55% de los contagios, generan más rechazo que adhesiones. Si ellos no perciben ese rechazo es sólo porque están encerrados en la realidad paralela en la que rápidamente se cae en un ambiente como el de Terrazas con sus microclimas y su confort.

Posiblemente los cuarteles de bomberos y el personal de salud sean la contracara de esa anomia; ellos cargan el verdadero peso de la diaria, unos en su lucha contra los incendios y los otros atendiendo casos de contagio. Paradójicamente los más comprometidos con la tarea diaria son los que cada día ponen en riesgo hasta su vida.

El desinterés o poca expectativa que se genera en torno a los reportes oficiales desde Terrazas del Portezuelo y los comentarios que se pueden leer en el Vivo de esas transmisiones a través de la redes sociales, son quizá la mayor demostración de esta idea: el Comité de Crisis está en una profunda crisis.

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