Los portazos políticos que dio en las últimas semanas el concejal radical Javier Suárez Ortiz, convirtiéndose en un inesperado socio político del oficialismo municipal, provocaron tal estruendo que ya no hay certezas sobre lo que puede pasar en esa definición por la conducción de la legislatura municipal.

Nadie sabe con certeza qué puede pasar, y la única certeza es que todos los escenarios podrían cambiar en las últimas horas.

Suárez Ortiz, que se referencia en Claudia Rocha y Alejandro Cacace, cree que el acuerdo con el intendente Tamayo –para que sus concejales lo voten- está bien atado, y que logrará ser presidente del Concejo, un lugar que le fue esquivo por muy poco en diciembre de 2019.

Más allá de las legítimas aspiraciones personales, ¿qué hay detrás de esa decisión que prioriza lo personal por sobre una construcción colectiva?, ¿por qué decide atarse a la suerte y gestión del Ejecutivo municipal sabiendo que desangra al interbloque opositor?.

Un razonamiento invita a pensar que ya mira el escenario electoral 2021. Y que al lograr la presidencia, podría disponer de cargos que le permitan contener a militantes y otros dirigentes del radicalismo en un año cargado de demandas como será el 2021.

Nadie lo sabe con certeza. Si resulta ganancioso para él y su espacio se verá con el tiempo. Por ahora, ha ganado el escarnio público.

Carlos Ponce, intentará volver a mostrar sus dotes de hábil negociador que el año pasado le permitieron hacerse de la presidencia con la unanimidad del voto de sus pares. Y contra reloj, aunque el tiempo corre como en los relojes de ajedrez, y se agota. A su favor, la garantía de institucionalidad que le dio a Tamayo desde la presidencia del Concejo; en contra, la supuesta decisión del intendente de preferir clavar una cuña en el interbloque opositor.

Pero hay más, porque en un escenario tan volátil, incierto y con tantas inseguridades, todos han recuperado sus aspiraciones: incluso dentro del bloque oficialista nadie pierde las esperanzas y aguardan mirando de reojo sus teléfonos. Cada uno de sus integrantes tiene aspiraciones.

Falta poco para esa definición. Y otra cuenta es posible hacer.

La hacen viejos peronistas que conocieron la sede de la calle Bolívar.

De los 15 concejales, 10 tienen “corazón peronista”: Germán Ponce, Daniel Ferreyra, Carlos Ponce, Agustina Gatto, Julieta Ponce, María José Domínguez, Lautaro Ojeda, Gastón Témoli, Johana Sosa y Daniela Serrano.  

Diez de cinco, y resulta que un radical puede quedarse con la presidencia del Concejo y hasta reemplazar a Tamayo al frente de la Intendencia.

¿Quién se lo podría explicar a “Chacho” Baigorria, que definía estos temas con tres cafés en su oficina?.

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