Siete meses atrás el Gobernador Alberto Rodríguez Saá y la Jefa de Gabinete, Natalia Zabala Chacur aseguraron que el Banco de La Pampa podría convertirse en el agente financiero de la provincia de San Luis y administrar las cuentas sueldo del personal de toda la administración provincial.

Fue en La Pampa, en el marco de una actividad promocionada como el Tratado de “El Caldén”, firmado por ambos mandatarios provinciales cuando la pandemia aún no había mostrado toda fiereza.

“Nosotros hicimos una licitación. La declaramos desierta. Se habían presentado el Banco Supervielle y el Banco Nación. Nos vamos a sentar la semana que viene a conversar con La Pampa para ver si La Pampa se puede presentar en la licitación o realizar una contratación directa. Ya veremos cómo nos ponemos de acuerdo, pero la gran voluntad la tenemos los dos. Nosotros tenemos una gran confianza en el BLP y La Pampa tiene ganas de crecer, con semejante oportunidad” le había dicho el Gobernador puntano a los colegas del diario La Arena, de La Pampa, esa primera semana de junio pasado.

Tres años antes, cuando Zabala Chacur era ministra de Hacienda, había asegurado que se le rescindiría el contrato al Banco Supervielle como operador financiero provincial.

“Es un contrato obsoleto y hay una falta de inversión grande. Hace veinte años que está el agente financiero y las inversiones son bastantes pobres en relación al tiempo que lleva prestando el servicio. Nosotros buscamos una fuerte inversión para llegar a todas las localidades de la provincia” aseguró Zabala Chacur en enero de 2017 en declaraciones que reproduce la Agencia de Noticias. Ese contrato se caía en febrero de 2018.

Desde entonces esa relación se ha sostenido gracias a acuerdos anuales entre el Gobierno y el Banco. Y nada pasó más allá de la pirotecnia verbal.

Lo que tampoco cambia es la deficiente atención que el Banco Supervielle le presta a las decenas de miles de obligados clientes que mes a mes le entrega en bandeja el Gobierno provincial. Y que por tratarse del cobro de planes bancarizados con cada días más.

Las interminables colas a la intemperie, ya en el sofocante calor del verano o en las gélidas mañana de invierno; la distancia entre el cliente y el Banco cuya brecha de profundizó durante la pandemia por el uso de herramientas digitales a las que no todos están acostumbrados, y la falta de disponibilidad o de mantenimiento de cajeros en varias localidades pone en evidencia el mal servicio que sufren los clientes cautivos del Supervielle.

Un breve raid el viernes mostraba colas interminables en las veredas de la Casa Central, con cajeros para depósitos de dinero en efectivo que se habilitan todos los días recién pasadas las 9 de la mañana; cajero fuera de servicio en la turística localidad de Potrero de los Funes; cajeros sin abastecimiento de dinero en Juana Koslay y en las estaciones de servicio como Bella Vista.

Pero no es sólo una foto de estos días, es una película que se repite con demasiada frecuencia como para que nadie haga lo que tenga que hacer.

 

 

 

 

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